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Blog SAN CRIS CON

La Historieta de México

El cómic mexicano tiene bastante historia, aunque mucha de ella, es parte del pasado cultural de nuestro país y no más. El hecho de que la historieta en México haya decaído y casi desaparecido es de preocuparse, pues denota la pérdida del hábito de lectura que nuestro país alguna vez tuvo.


A mediados de los ochentas México era el mayor productor y consumidor, por habitante, de historietas en todo el mundo. Por todo el país circulaban alrededor de 40 millones de ejemplares de historietas nuevas cada mes. Incluso había títulos que rebasaban el millón de ejemplares cada semana. Esa cantidad de publicaciones llegaban a ser leídas por aproximadamente 200 millones de personas. Y aunque la televisión venia ganando terreno, la historieta se mantenía firme en esta lucha por mantener a la gente entretenida. Y en un país en que el promedio de lectura de libros es bastante bajo, las historietas mantenían el equilibrio debido a que para muchos era el único alimento cultural que podían tener.

La historieta en México, aunque no lo crean, empezó hace mucho, a finales del siglo XIX y principios del siglo veinte cuándo algunas empresas cigarreras y de cerveza sacaban historias publicadas en sus empaques.


Ya para principios de siglo, y con el éxito que los cómics estaban adquiriendo en Estados Unidos, algunos diarios empiezan a adquirir derechos para publicar tiras cómicas en territorio nacional. Y de ahí comienzan a surgir historietistas mexicanos que al principio basaban sus creaciones en series estadounidenses como es el caso de “Mamerto y sus Conciencias” que parodiaba de cierta manera a “Bringing Up Father” (Educando a Papá) de George McManus.


Más adelante aparece la primera revista semanal mexicana, llamada “Chamaco Grande” y ese mismo año, aparece también su competencia y la que se volvería una de las más importantes publicaciones del país: “Pepín”, que entre sus historias, mostraba tanto material mexicano como extranjero y que duro hasta 1955. De estas dos publicaciones, el género empezó a diversificarse y, partiendo desde lo cómico, surgieron las historias de terror, ciencia ficción, los héroes, y el género que marcó un antes y un después en el contar de las historias mexicanas: el melodrama.


En esta, la era dorada de la historieta mexicana, podemos apreciar el surgimiento de grandes leyendas como es el caso de Yolanda Vargas Dulché, apodada

como “La Reina de las Historietas” y creadora de muchísimas historias de género melodramático, la mayoría de ellas en las publicaciones llamadas “Lagrimas, Risas y Amor”. Tal fue el éxito de estas historias, que algunas de ellas fueron convertidas en telenovelas y se volvieron clásicos, como “Rubí”, “Yesenia” o “Ladronzuela”. Además de eso, Vargas Dulché es responsable de la creación de dos clásicos de la historieta mexicana: Rarotonga y el entrañable Memín Pinguín.



En esta época, las historietas eran creadas, escritas y dibujadas por los autores y la famosa “Pepín” vio nacer a muchos artistas con, hoy en día, clásicos de la literatura gráfica mexicana como “Los Supersabios” de German Butze, “Hermelinda Linda” de Óscar González Guerrero, o “Los Superlocos” de otra gran leyenda: Gabriel Vargas.


Este último crearía para la revista “Pepín” en 1947 a “La Familia Burrón”, una historia donde combinaban la comedia con una crítica social bastante irreverente, y que hoy por hoy es un verdadero clásico de la historieta mexicana.


A finales de los cincuentas y principios de los sesentas aparecen dos grandes clásicos del cómic de acción mexicano: “Chanoc” y “Kaliman”, el primero de la mano de Martin de Lucenay y Ángel Mora y el segundo salido de la radionovela del mismo nombre y que catapulto al descendiente de la dinastía de Kali a la fama. Otro héroe que por un tiempo tendría éxito tanto en el ring, como en el cine y en el noveno arte sería el Santo, que llegó a tener su historieta durante muchos años y con mucho éxito.



La historieta mexicana ha tenido grandes y reconocidos creadores, como es el caso de Alejandro Jodorowsky con su serie “Anibal 5”; y el principal impulsor del la historieta social y de impacto mediático, Eduardo del Rio, mejor conocido como Rius.


Rius transformó el cómic mexicano con la aparición de su serie “Los Supermachos” donde sus personajes, mediante sus singulares diálogos, señalan críticas al gobierno de ese entonces. Esta historieta se vuelve una de las más importantes en el rubro nacional y marca un punto de referencia en la forma en que el mexicano ve las cosas, en especial la política. Siguiendo esta tendencia Rius publica su serie “Los Agachados” y de ahí comienza su posicionamiento en el Olimpo de los historietistas mexicanos.


A finales de la década de los ochentas, el cómic mexicano comienza su decadencia pues los editores se enfocan más en la producción, dejando de lado la calidad. Es entonces cuando el género sensacionalista surge en el panorama del cómic mexicano. Aparecen estas historietas para adultos de pequeño formato, mala calidad de papel, contenidos de mal gusto enfocados a la acción y el erotismo y lo que abundaba en sus páginas eran los desnudos parciales y las sugerencias sexuales. Los artistas de comics desaparecen al ser minimizados y publicaciones como “Sensacional de Luchas”, “El Libro Policiaco” o “El Libro Vaquero” inundan los quioscos. Siendo este último, “El Libro Vaquero”, la publicación impresa más vendida en el país a principios de los noventas.


A pesar de eso, han habido algunos intentos bastante buenos por rescatar al cómic mexicano tales como “Katy la Oruga”, “Simon Simonazo”, “El Hijo del Santo”, “Blue Demon”, "Ultra Pato" “Pulpo Cómics”, “Ka-Boom!” “Operación Bolívar”, “Karmatron y los Transformables” y más recientemente "Crónicas de Fátima"


Como quiera que sea, la historieta mexicana no debe ser menospreciada y mucho menos olvidada, así que hagamos nuestra parte para rescatar este bello arte y vamos a comprarnos un “Kaliman”.


Nota: Artículo originalmente publicado por un diario local en 2015.

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